domingo, 22 de marzo de 2009

A la caza del instante y el momento......

Hay que estar atento y con el objetivo a cuestas, ya que en cualquier momento puede surgir la fotografia de " TU VIDA" y te lo estaras recordando toda tu existencia................

Los Carnavales


Tambien nos formamos, estudiamos y nos divertirnos, como vez ya estoy "LICENCIADO".

jueves, 19 de marzo de 2009

HIGOS CHUMBOS

Fotografía de Manuel Fuentes

HIGOS CHUMBOS

Chumbos, chumbos, higos chumbos. Él se está comiendo
un higo chumbo. Con piel, con pinchos. No le duelen los higos. Se
relame con su lengua larga, larga. Saborea. Corre a esconderse tras
la chumbera. Los chumbos, higos chumbos le rodean. Su coraza, su
piel es higo chumbo. Por entre los pinchos busco pinchos, busco un
cuerpo, busco hambrienta de higo chumbo. Se relame y se relame y
no deja de comer chumbos, higos, higos chumbos. Al coger uno me
pincho. Me pincho un dedo. Duele el dulzor del higo, duele la sangre
que gotea sobre higos chumbos. Su boca espinosa, clavada en higo
chumbo se relame. La lengua larga, larga me reclama. Aplico mis
labios a su lengua de pincho, larga de higo, de higo chumbo. Sorbo
el néctar de los higos de su boca. Chupo ese dulzor picante, me
hiero las encías y sangro y sangro. Muerdo su garganta, araño con
mis dientes su esófago. Absorbo su intestino largo, largo. Desencajo
mi mandíbula para comer chumbos, higos chumbos. Dulces, dulces.
El dedo de un pie asoma por entre mis labios y sorbo y sorbo. Sorbo
higos. Engullo, devoro, bebo zumo de higo chumbo. Me relamo y
relamo. Eructo. Mi eructo sabe a higo, a higo chumbo. Busco más
chumbos. Mi pesado, pesado estómago me entorpece. Busco más
de él, pero pesa y pesa y se revuelve dentro, dentro. Me clava higos,
pinchos de higo en el estómago. Tira de mi campanilla y la retuerce.
Clava y clava higos. El dulzor de los chumbos, de los higos chumbos,
se ha hecho amargo. Vomito higos, vomito chumbos sobre
chumbos, higos sobre higos, hombres sobre hombres. Vomito espinas,
vomito pinchos, vomito amores. Los chumbos, higos chumbos
duelen. Seducciones, seducciones de higo chumbo me seducen. Me
provocan arcadas. Vomito, vomito. Y me quedo, consumida, bajo la
higuera, hecha chumbo, hecha higo, empachada, despechada…

* Higos chumbos es un relato de Isabel Mellén.
La fotografía está tomada en el Monumento Natural de Los Ajaches.

jueves, 12 de marzo de 2009

EL CABRITO


Fotografía de Manuel Fuentes
Está tomada en el Monumento Natural de Los Ajaches.
EL CABRITO

Tiene el cabrito al nacer,
menos carne que un silbido.
No hay quien lo quiera comer.
Debe quedar al calor
y al cuidado de la madre
que mame lo que le cuadre
cuanto más tiempo mejor.
Y cuando ya está gordito
se le retira la teta
y se busca una receta
para este plato exquisito.
Puede prepararse frito
con sartén o a la parrilla
que es la forma más sencilla
de cocinar el cabrito.
Pero el que yo más prefiero
de todos los que he probado
es el cabrito adobado
hecho al estilo "gomero".
Con mi verso mal escrito
voy a dejar su receta.
La más sabrosa y completa
para guisar un cabrito.
El adobo verdadero
se prepara en un caldero
en hondilla o en lebrillo
y se mezcla con esmero
ajos, azafrán, tomillo
perejil, mojo palmero
laurel, pimienta quemona
vinagre, cebollas, vino
y apenitas de comino.
Con las hierbas de la zona
un buen puñado de sal
pero no más de la cuenta
y unos granos de pimienta
verde o negra que da igual.
El conjunto hay que bañar
con buen aceite de oliva
y el éxito sólo estriba
en saber dosificar.
Luego en el mismo caldero
el cabrito ya partido
se dejará sumergido
al menos un día entero
en el adobo bañado.
Se le da al baifo un hervor
revolviendo con cuidado
para que agarre el calor
hasta que quede dorado
el adobo que ha menguado.
Se fríe en una sartén
y se revuelve también
hasta dejarlo refrito
y luego en un santiamén
se esparce sobre el cabrito.
Y que usted lo pase bien.
Para terminar espero
que haga bien la digestión
y si el cabrito gomero
no le dio satisfacción
puede conservar el cuero
y hacer con él un zurrón.
El cabrito es un poema de Tadeo Casañas Reboso, ‘el sabio de El Hierro'.

QUINTAY

Fotografía de Manuel Fuentes

Quintay

El mar embravecido fue testigo.

Escarpado el cerro se despeña en rocas sueltas,

blanca estación de gaviotas que un día

de los despojos vivieron. Inocentes.

El viento ruge

trayendo del ayer el eco

del gemido de un gigante herido.

La rampa de antaño hiede aún a sangre fresca

y pasos caminan sin pisar

por no borrar las huellas.

Y la ola,

ya no lame, de imponente ballena, los ijares

por arpón avieso traspasados.

No se encanta el oído con el canto

que al hijo llamaba arrullando...

sólo se escucha el fantasmal lamento

en lágrimas de ámbar por su cachalote muerto.

Sobre el montículo de ruinas, pequeñas flores

apenas crecen, reptando

enroscadas en sí mismas

no quieren ver el mar, no miran la luz

ni descansan a la sombra de una estrella.

Sólo viven del recuerdo

de las ballenas muertas.

* Poema a las ballenas muertas : En la zona central de Chile, en una caleta de nuestra costa porteña, llamada ‘Quintay', hubo hace ya muchos años, una ballenera muy grande. Recibía en sus instalaciones, barcos-factoría de distintos calados, que terminaron por hacer desaparecer absolutamente la población de estos inocentes mamíferos gigantes en nuestras costas. Hace poco más de dos años atrás, visité las ruinas de estas instalaciones y un museo que muestra los distintos modos de sacrificarlas, fotografías de sus cadáveres y las estadísticas de ejemplares muertos y faenados. Regresé silenciosa y dolida a mi casa y no hallé mejor manera de expresar este sentimiento que escribir este poema que te adjunto, homenaje póstumo a las ballenas del mundo.

Patricia Benavente Vázquez
Viña del Mar, 11 de abril de 2005

jueves, 12 de febrero de 2009

Cuando muera el color



CUANDO MUERA EL COLOR


Cuando el campo pierda el color
me abrazaré a una piedra en madrugada,
ahí entre ranas, arbustos y cigarras,
cuando el campo pierda el color
y se sequen las madrigueras
me abrazaré a una piedra en la alborada
contemplando la locura del castor
y el suicidio esperado del camaleón,
cuando muera el color
mi sangre perderá dramatismo
y fuego al ocaso de las tardes,
cuando monocromo sea todo
incluso el arco iris,
incluso el arco iris
y el otoño tras la hoja,
a una piedra me abrazaré.
* Cuando muera el color es un poema de Santiago Antúnez de Mayolo , que fue un ingeniero, físico y matemático peruano. Las fotografías fueron tomadas en el sendero de Marcos y Corderos en la isla de La Palma, y en los Jardines de Aranjuez.

En el fondo de la noche............



En el fondo de la noche…

En el fondo de la noche tiemblan las aguas de plata.
La luna es un grito muerto en los ojos delirantes.
Con su nimbo de silencio
pasan los sonámbulos de cabeza de cristal,
pasan como quien suspira,
pasan entre los hielos transparentes y verdes.

Es el momento de las rosas encarnadas y los puñales de acero
sobre los cuerpos blanquísimos del frío.

En el fondo de la noche tiembla el árbol del silencio;
los hombres gritan tan alto que solo se oye la luna.

Es el momento en que los niños se desmayan sobre los pianos,
el momento de las estatuas en el fondo transparente de las aguas,
el momento en que por fin todo parece posible.
En el fondo de la noche tiembla el árbol del silencio.
Decidme lo que habéis visto los que estabais con la cabeza vuelta.
La quietud de esta hora es un silencio que escucha,
el silencio es el sigilo de la muerte que se acerca.
Decidme lo que habéis visto.
En el fondo de la noche
hay un escalofrío de cuerpos ateridos

* En el fondo de la noche... es un poema de Gabriel Celaya . La fotografía está tomada en Punta Fariones, entre Órzola y La Graciosa.