jueves, 26 de marzo de 2009

Esa bella flor............El Girasol

Fotografía de Manuel Fuentes
A esa bella flor....el girasol.
Como el girasol,
que gira su rostro
permanentemente;
buscando la luz del sol;
así giraron y volaron
mis sentimientos,
queriendo ingresar
en lo más profundo
de tu corazón;
mi alma ilusionada,
en tí se refugió;
HOY soy yo,
quién le escribe
a esa bella flor,
que gira
alrededor del sol;
así, seguiré girando yo
en busca
del verdadero AMOR.
* A esa bella flor...el girasol es un poema de Cielo Estrellada.
La fotografía está tomada en Australia.

domingo, 22 de marzo de 2009

Buenos y refrescantes momentos..



Estamos contentos y disfrutando con nuestra cerveza en mano y refrescando la garganta, para celebrar que ha llegado " LA PRIMAVERA de 2009", a la salud de todos ustedes................

A la caza del instante y el momento......

Hay que estar atento y con el objetivo a cuestas, ya que en cualquier momento puede surgir la fotografia de " TU VIDA" y te lo estaras recordando toda tu existencia................

Los Carnavales


Tambien nos formamos, estudiamos y nos divertirnos, como vez ya estoy "LICENCIADO".

jueves, 19 de marzo de 2009

HIGOS CHUMBOS

Fotografía de Manuel Fuentes

HIGOS CHUMBOS

Chumbos, chumbos, higos chumbos. Él se está comiendo
un higo chumbo. Con piel, con pinchos. No le duelen los higos. Se
relame con su lengua larga, larga. Saborea. Corre a esconderse tras
la chumbera. Los chumbos, higos chumbos le rodean. Su coraza, su
piel es higo chumbo. Por entre los pinchos busco pinchos, busco un
cuerpo, busco hambrienta de higo chumbo. Se relame y se relame y
no deja de comer chumbos, higos, higos chumbos. Al coger uno me
pincho. Me pincho un dedo. Duele el dulzor del higo, duele la sangre
que gotea sobre higos chumbos. Su boca espinosa, clavada en higo
chumbo se relame. La lengua larga, larga me reclama. Aplico mis
labios a su lengua de pincho, larga de higo, de higo chumbo. Sorbo
el néctar de los higos de su boca. Chupo ese dulzor picante, me
hiero las encías y sangro y sangro. Muerdo su garganta, araño con
mis dientes su esófago. Absorbo su intestino largo, largo. Desencajo
mi mandíbula para comer chumbos, higos chumbos. Dulces, dulces.
El dedo de un pie asoma por entre mis labios y sorbo y sorbo. Sorbo
higos. Engullo, devoro, bebo zumo de higo chumbo. Me relamo y
relamo. Eructo. Mi eructo sabe a higo, a higo chumbo. Busco más
chumbos. Mi pesado, pesado estómago me entorpece. Busco más
de él, pero pesa y pesa y se revuelve dentro, dentro. Me clava higos,
pinchos de higo en el estómago. Tira de mi campanilla y la retuerce.
Clava y clava higos. El dulzor de los chumbos, de los higos chumbos,
se ha hecho amargo. Vomito higos, vomito chumbos sobre
chumbos, higos sobre higos, hombres sobre hombres. Vomito espinas,
vomito pinchos, vomito amores. Los chumbos, higos chumbos
duelen. Seducciones, seducciones de higo chumbo me seducen. Me
provocan arcadas. Vomito, vomito. Y me quedo, consumida, bajo la
higuera, hecha chumbo, hecha higo, empachada, despechada…

* Higos chumbos es un relato de Isabel Mellén.
La fotografía está tomada en el Monumento Natural de Los Ajaches.

jueves, 12 de marzo de 2009

EL CABRITO


Fotografía de Manuel Fuentes
Está tomada en el Monumento Natural de Los Ajaches.
EL CABRITO

Tiene el cabrito al nacer,
menos carne que un silbido.
No hay quien lo quiera comer.
Debe quedar al calor
y al cuidado de la madre
que mame lo que le cuadre
cuanto más tiempo mejor.
Y cuando ya está gordito
se le retira la teta
y se busca una receta
para este plato exquisito.
Puede prepararse frito
con sartén o a la parrilla
que es la forma más sencilla
de cocinar el cabrito.
Pero el que yo más prefiero
de todos los que he probado
es el cabrito adobado
hecho al estilo "gomero".
Con mi verso mal escrito
voy a dejar su receta.
La más sabrosa y completa
para guisar un cabrito.
El adobo verdadero
se prepara en un caldero
en hondilla o en lebrillo
y se mezcla con esmero
ajos, azafrán, tomillo
perejil, mojo palmero
laurel, pimienta quemona
vinagre, cebollas, vino
y apenitas de comino.
Con las hierbas de la zona
un buen puñado de sal
pero no más de la cuenta
y unos granos de pimienta
verde o negra que da igual.
El conjunto hay que bañar
con buen aceite de oliva
y el éxito sólo estriba
en saber dosificar.
Luego en el mismo caldero
el cabrito ya partido
se dejará sumergido
al menos un día entero
en el adobo bañado.
Se le da al baifo un hervor
revolviendo con cuidado
para que agarre el calor
hasta que quede dorado
el adobo que ha menguado.
Se fríe en una sartén
y se revuelve también
hasta dejarlo refrito
y luego en un santiamén
se esparce sobre el cabrito.
Y que usted lo pase bien.
Para terminar espero
que haga bien la digestión
y si el cabrito gomero
no le dio satisfacción
puede conservar el cuero
y hacer con él un zurrón.
El cabrito es un poema de Tadeo Casañas Reboso, ‘el sabio de El Hierro'.

QUINTAY

Fotografía de Manuel Fuentes

Quintay

El mar embravecido fue testigo.

Escarpado el cerro se despeña en rocas sueltas,

blanca estación de gaviotas que un día

de los despojos vivieron. Inocentes.

El viento ruge

trayendo del ayer el eco

del gemido de un gigante herido.

La rampa de antaño hiede aún a sangre fresca

y pasos caminan sin pisar

por no borrar las huellas.

Y la ola,

ya no lame, de imponente ballena, los ijares

por arpón avieso traspasados.

No se encanta el oído con el canto

que al hijo llamaba arrullando...

sólo se escucha el fantasmal lamento

en lágrimas de ámbar por su cachalote muerto.

Sobre el montículo de ruinas, pequeñas flores

apenas crecen, reptando

enroscadas en sí mismas

no quieren ver el mar, no miran la luz

ni descansan a la sombra de una estrella.

Sólo viven del recuerdo

de las ballenas muertas.

* Poema a las ballenas muertas : En la zona central de Chile, en una caleta de nuestra costa porteña, llamada ‘Quintay', hubo hace ya muchos años, una ballenera muy grande. Recibía en sus instalaciones, barcos-factoría de distintos calados, que terminaron por hacer desaparecer absolutamente la población de estos inocentes mamíferos gigantes en nuestras costas. Hace poco más de dos años atrás, visité las ruinas de estas instalaciones y un museo que muestra los distintos modos de sacrificarlas, fotografías de sus cadáveres y las estadísticas de ejemplares muertos y faenados. Regresé silenciosa y dolida a mi casa y no hallé mejor manera de expresar este sentimiento que escribir este poema que te adjunto, homenaje póstumo a las ballenas del mundo.

Patricia Benavente Vázquez
Viña del Mar, 11 de abril de 2005